En España hay un total de 7.596 fisioterapeutas en la sanidad pública. Mientras, el país cuenta con 66.178 colegiados. Asociaciones de pacientes y sindicatos reivindican la importancia de este servicio para mejorar la calidad vida de la población


Laura Sánchez sufre artrogriposis, una enfermedad neuromuscular que mantiene sus músculos y sus articulaciones rígidas, con pérdida de fuerza y autonomía. “Yo escribo con la boca. Esto me genera muchas contracturas en el cuello. Si no tengo fisioterapeuta que me alivie al final no voy a poder hacer nada”, cuenta a El Salto. Sánchez, vicepresidenta de la Federación Española de Enfermedades Neuromusculares ASEM y secretaria de la asociación de artrogriposis de España, asegura que los servicios de fisioterapia son básicos para gente que tiene afecciones crónicas, pero que en la actualidad estos no se suministran por la sanidad pública. Entre 35-40 euros paga a la semana para acudir al fisio. No se puede permitir más. Y algunas personas enfermas no pueden asumir ni eso, explica. “Sería un derecho para las personas con una enfermedad crónica, pero como este servicio no está encaminado a recuperarnos, no nos lo ofrecen”, se queja e insiste en que esa no es la visión adecuada: “Necesitamos la fisioterapia para mantener la calidad de vida y que no vayamos a peor”.

Según el Informe anual del Sistema Nacional de Salud, en la actualidad en España hay 1.714 fisioterapias trabajando en atención primaria y 5.882 en atención hospitalaria, esto es, un total de 7.596. O, lo que es lo mismo un fisioterapeuta por cada 10.000 habitantes. Mientras, el país cuenta con 66.178 colegiados, según los últimos datos del INE. Desde el sindicato SATSE avisan: no salen las cuentas.

“La OMS recomienda un fisioterapeuta por cada 1.000 habitantes. En algunos centros trabajamos con un fisioterapeuta para 40.000 habitantes. Pueden pasar años hasta que veas al mismo paciente”, denuncia Isabel Moreno, portavoz de SATSE a nivel estatal y fisioterapeuta en un hospital madrileño. Antes de esto, pasó por un centro de salud, donde esta figura es una auténtica rara avis. “La lista de espera a veces se dispara, de uno a tres meses. Eso es una barbaridad, pero puede llegarse al caso de seis y ocho meses. A nosotros no nos viene bien porque se retrasa la recuperación del paciente. Cuanto peor estés más te voy a tardar en sacar adelante”, expresa Moreno quien define las labores de un profesional de la fisioterapia como una tarea enfocada a mejorar la calidad de vida. 

Y es que la falta de fisioterapias afecta a las personas con enfermedades crónicas, pero también a las que sufren una lesión que puede ser recuperable. “Esperar meses a ser atendido por un fisioterapeuta en la sanidad pública, puede hacer que se tomen más fármacos para disminuir el dolor y también que aumente la posibilidad de que la lesión acabe en una secuela”, advierte Moreno.

TRATAMIENTO MULTIDISCIPLINAR

“Si tengo algún dolor, me recetan una pastilla, pero poco más. Yo necesitaría una atención multidisciplinar pero no cuento con ella. No hay coordinación entre el traumatólogo, el neurólogo y el fisio que me está atendiendo. El fisioterapeuta que me atiende no está en la pública, de ahí viene todo”, explica Laura Sánchez. Añade que hay más de 60.000 personas con enfermedades neuromusculares, como la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) o las distrofias musculares, en un alto porcentaje degenerativas. La fisioterapia, detalla, es esencial para que el avance de la enfermedad sea más lento.

Fabián Morales, fisioterapeuta de la Asociación de Enfermedades Neuromusculares de Canarias (Asenecan), añade que el abordaje de las enfermedades neuromusculares desde su profesión es global: “No solo nos enfocamos en la debilidad muscular, sino que también tenemos presente fomentar una vida activa y maximizar la autonomía personal“. Así, entre sus tareas está tanto el manejo del dolor y la fatiga, como mejorar la capacidad cardiopulmonar o las secreciones ”que va a prevenir posibles ingresos hospitalarios o diversas complicaciones para el paciente”, añade.

SITUACIÓN GENERALIZADA

Existen diferencias entre las comunidades autónomas pero, en líneas generales, ninguna llega a los objetivos óptimos que marca la OMS en cuanto al cupo necesario de profesionales de la fisioterapia y, por tanto, las listas de espera están disparadas. Un estudio de SATSE de 2022 -en el que no se pudieron recoger datos de Extremadura, Comunidad Valenciana, Ceuta y Melilla- calcula que al menos más de 43.600 personas se encuentran esperando a ser atendidos por una fisioterapeuta en los hospitales de la sanidad pública de nuestro país.

La media del conjunto del Estado es de 152 días a la espera de una cita con el fisio en la pública. Canarias, con más de 15 meses de espera (469 días); Cantabria, con más de 8 meses (261 días); Galicia, con más de siete meses (227 días), y Andalucía, con más de seis meses (197 días), son las autonomías que lideran el listado. “Las diferentes administraciones sanitarias siguen sin apostar por unos profesionales sanitarios muy necesarios en la actualidad, y que lo serán aún más en el futuro, dado el cada vez mayor número de personas de edad avanzada, el ritmo actual de vida que sufrimos, el incremento de los problemas osteomusculares y de las lesiones por la actividad física, o los postoperatorios”, valoran desde SATSE.

La vicepresidenta de ASEM vive en Madrid y confirma la ausencia de este servicio para enfermas crónicas en su comunidad. “La situación en cada comunidad autónoma es distinta, pero casi ninguna ofrece servicio de fisioterapia. En algunas a través de la Ley de la Dependencia te pueden dar ciertas ayudas pero el servicio como tal no se ofrece”, describe.

SIN PREVENCIÓN

Gran diferencia existe entre la presencia de esta disciplina en la atención primaria y en la atención hospitalaria. Isabel Moreno, que trabajó muchos años en un centro de salud, afirma que en Madrid hay 222 profesionales para 430 ambulatorios, por poner un ejemplo. Asegura que en primaria las lesiones que se ven son menos graves pero que se realiza otra función que ya está olvidada: la prevención. “Nosotros deberíamos hacer prevención, informar al paciente qué es lo que tiene que hacer para que no se lesiones, y eso casi ya no se hace porque cuando el paciente acude ya tiene una lesión”.

La delegada de SATSE añade además cifras a su relevancia: “Según los estudios, ahorramos millones de euros a las arcas públicas, en concreto 568  millones. Si previenes la lesión a veces no se llega a hacer y no va a más”, relata.

Sin embargo, su importancia es inversamente proporcional. “La sanidad pública no nos considera prioritarios porque no salvamos vidas, pero ayudamos a mejorar la calidad de vida del paciente. Creemos que no somos un lujo y que somos imprescindibles”, sentencia la fisioterapeuta.

Artículo publicado originalmente en El Salto

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