Probablemente ningún habitante de nuestro planeta ignora que la enfermedad Coronavirus Disease-19 (COVID-19), causada por el coronavirus Severe Acute Respiratory Syndrome-Coronavirus-2 (SARS-CoV-2), apareció en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei en China, en diciembre de 2019. Cuando escuchamos por primera vez la noticia parecía ser un brote en algún sitio lejano de Asia, algo que no nos podía tocar y que se sentía ajeno a nuestra realidad. Ahora, unos meses después, hablamos de una pandemia que ha transformado nuestra percepción del riesgo relacionado con las enfermedades virales y que nos ha puesto a reflexionar cuán importante es la salud y lo frágil que es la vida, así como a cuestionarnos sobre los efectos de la actividad humana en el planeta, la labilidad de nuestros sistemas de salud, de la economía, las relaciones humanas y muchas cuestiones más.

El distanciamiento físico, necesario para poder controlar la diseminación del coronavirus, para muchas personas ha sido un generador de estrés, ansiedad y agresividad, mientras que para otras ha sido un espacio de análisis sobre su estilo y forma de vida.

Aunque hay varias definiciones de lo que es una adicción, en general, ésta se considera una enfermedad mental crónica y recurrente que se caracteriza por una búsqueda patológica de la recompensa o del alivio a través del consumo de una sustancia psicoactiva o droga, o bien a través otras conductas (ludopatía, por ejemplo). En su relato “El gato negro”, Edgar Allan Poe pone de relieve: ¿no tenemos en nosotros una perpetua inclinación, pese a la excelencia de nuestro juicio, a violar lo que es la ley, simplemente porque comprendemos que es la ley? Podríamos suponer que Poe se refiere no tanto a la ley jurídica como a la que define las normas sociales, la que gobierna el orden entre los seres humanos. Aquella que, al diferenciar lo permitido de lo vedado, nos da entrada al universo simbólico, en el que es posible sustituir la ausencia del bien que se apetece, o lo prohibido, por otras experiencias.

Se estima que las reacciones de ansiedad, preocupación o miedo sean frecuentes en la sociedad dado su carácter desconocido y novedoso junto con las medidas de distanciamiento social derivadas del estado de alarma.

Se habla de “bio-desastres” capaces de generar un impacto psicológico comparable al de otras catástrofes como ataques terroristas, terremotos, etc.

En los estudios publicados sobre el impacto psicológico de la COVID-19 en China, se ha observado malestar emocional, estando las respuestas de ansiedad grave presentes en un tercio de la población general.

Sin embargo, en un estudio llevado a cabo con una amplia muestra de población general española, se ha observado cómo durante las primeras semanas de confinamiento (del 19 al 26 de marzo) las respuestas emocionales desadaptativas observadas, de modo más frecuente, han sido los síntomas depresivos (46,7%), seguidos por un estilo evitativo de afrontamiento (44,3%). Además, en contra de lo esperado, las respuestas de ansiedad fueron las menos frecuentes, afectando al 6,1% de la población.

CONSUMO DE DROGAS ILEGALES Y COVID-19

Según los resultados de la breve encuesta europea sobre consumo de drogas en el contexto de la pandemia por COVID-19 (Mini-EWSD-COVID-19), realizada por el EMCDDA (Observatorio Europeo de las Drogas y las Adicciones) entre el 8 de abril y el 31 de mayo de 2020 a través de internet, la mayoría de las personas encuestadas que se declaran consumidoras de sustancias psicoactivas ilegales han cesado o han reducido la frecuencia o la cantidad de su consumo (71,9%), mientras que el 16,3% de ellos no han realizado cambios y tan solo el 11,9% de los consumidores ha aumentado la frecuencia o la cantidad del consumo durante el periodo de confinamiento por COVID-19.

La encuesta fue contestada por 991 personas que declararon vivir en España, presentando una edad media de 39,8 años. El 36,9% de los encuestados eran mujeres. Respecto al lugar donde vivían, el 34,2% declaró vivir en grandes ciudades, el 37,8% en ciudades pequeñas y el 27,9% en pueblos.


Las razones apuntadas por los consumidores para reducir el consumo han sido, en primer lugar, la menor disponibilidad para adquirir drogas que han podido comprar por diversas vías, encontrando dificultades a la hora de recoger lo comprado durante el confinamiento por COVID-19, seguido del hecho de tener menos oportunidades para consumir drogas y la preocupación por los efectos en la salud, siendo minoritarios los motivos económicos.
Durante el periodo correspondiente al estado de alarma por COVID-19, no ha habido notificaciones de nuevas sustancias a través del Sistema Español de Alerta Temprana sobre Nuevas Sustancias Psicoactivas (SEAT).

CONSUMO DE TABACO Y COVID-19

La encuesta “Tabaco, otras formas de consumo y confinamiento”, realizada por el Ministerio de Sanidad, en colaboración con el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo y las comunidades autónomas de La Rioja y Murcia a través de la web entre el 4 y el 22 de mayo de 2020, indica que un 6,73% de los fumadores ha dejado el hábito tabáquico y un 5,98% ha reducido su consumo durante el confinamiento. El 13,56% de los encuestados ha intentado dejar de fumar durante esta etapa, mientras que el 81,52% es consciente del mayor riesgo que tiene consumir tabaco con el agravamiento de los síntomas por Covid-19. La exposición al humo ambiental del tabaco en los hogares durante el confinamiento ha disminuido, con un 61,83% de personas encuestadas que estaban expuestas al humo antes del confinamiento y han dejado de estarlo.
Los productos que, según la encuesta, han sido consumidos mayoritariamente por los encuestados durante el confinamiento, independientemente de la edad, sexo y situación laboral, son: cigarrillos (54,74%), seguidos del tabaco de liar (26,13%) y cigarrillos electrónicos o vapeadores (4,34%).

CONSUMO DE ALCOHOL Y COVID-19

Los resultados de la “Encuesta web Europea Alcohol y COVID 19”, liderada por el equipo del Dr. Jürgen Rehm de la Universidad Politécnica de Dresden (Alemania) y con la colaboración del equipo del Dr. Antoni Gual del Hospital Clínic de Barcelona, indican que la mayoría de las personas encuestadas han reducido el consumo de alcohol o lo han mantenido sin cambios, tanto en relación a la frecuencia de consumo, como al número de bebidas en cada ocasión o a los episodios de consumo intensivo. Así, el 39,4% declara haber reducido su frecuencia de consumo, el 40,2% ha reducido el número de bebidas en cada ocasión y el 41,9% ha realizado un menor número de episodios de consumo intensivo.
Estos resultados son concordantes con lo publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación respecto al panel de consumo alimentario durante el periodo de confinamiento por COVID-19 que indica que, aunque la compra de bebidas con contenido alcohólico ha sufrido un aumento durante los meses de marzo y abril del 2020, estos incrementos no compensan el descenso de las ventas fuera del hogar.
El total de encuestados ha ascendido a 39.298 personas, de 22 países europeos. La muestra de la encuesta española ha ascendido a 3.133 personas, con una representación mayoritaria de mujeres (65,2%), del grupo de edad entre los 35 y 54 años (52,3%) y con nivel de estudios superiores (83,6%).

ADICCIONES DE COMPORTAMIENTO Y COVID-19

Los resultados de la encuesta online sobre uso de internet, videojuegos y juego con dinero online durante la pandemia por COVID-19 realizada por el OEDA (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones) a través de la web entre el 18 de mayo y el 30 de junio de 2020 muestran, entre las personas que han participado, un aumento tanto en la frecuencia de uso de videojuegos como en la frecuencia de uso de internet, reflejando una disminución en la frecuencia de juego con dinero online junto a un cambio en el tipo de juego usado. Durante el periodo de confinamiento, han empezado a usar videojuegos el 15,2% de las personas encuestadas. Además, el 7,2% de las personas jugadoras que han contestado la encuesta presentarían un posible trastorno por videojuegos según escala de criterios DSM-V, mayor entre los encuestados menores de 18 años.
Se han recibido un total de 2037 encuestas procedentes de todas las CCAA, siendo la mayoría de las personas encuestadas mujeres (62,5%), con una edad media de 40,3 años (rango 14-87 años). El 9% de ellos eran menores de edad (14 a 17 años). El 72,3% estaba trabajando, 45,3% de ellos mediante teletrabajo, mientras el 5,4% declara estar sometidos a un ERTE.
En lo concerniente a los videojuegos el 53% de las personas que contestaron señalaron haber jugado a videojuegos antes o durante el confinamiento, mientras que el 47% referían no ser jugadoras de videojuegos (ni antes ni durante el confinamiento). En relación a la frecuencia de uso de videojuegos, se puede comprobar que antes del confinamiento la frecuencia más habitual era de 1 a 3 días al mes, mientras que durante el confinamiento es más habitual que se usen los videojuegos de 5 a 7 días a la semana.
Entre las personas jugadoras de videojuegos que han informado de la frecuencia de uso antes y después, el 46,4% han mantenido la frecuencia, el 39,5% han aumentado la frecuencia (15,2% han empezado a usar videojuegos) y el 14% han disminuido la frecuencia (10,4% han parado). Steam, líder en distribución de juegos, reportó más de 20 millones de usuarios activos concurrentes, la mayor cantidad en sus 16 años de historia. Las plataformas de transmisión en vivo YouTube Gaming y Twitch reportaron un 10% de aumentos en la audiencia.

CONSUMO DE MEDIOS DURANTE LA PANDEMIA

Los hábitos y tendencias de consumo se han visto drásticamente modificados debido a la pandemia y las medidas de confinamiento decretadas por el Gobierno, de manera que el consumo de televisión y medios digitales se ha disparado durante el confinamiento. Los diarios digitales han recibido un 45% más de páginas vistas y han incrementado su tráfico un 100%, la audiencia digital de la radio online ha crecido en un 112% y la televisión “online” en directo ha sumado un 93% de usuarios únicos.
Los incrementos más relevantes se registraron entre los jóvenes de 13 y 24 años, y por franjas horarias, las mañanas, sobremesa y tardes son las franjas que más han aumentado, alrededor de un 25% del total de la población. Por otro lado, también han experimentando un gran crecimiento los informativos, con un aumento del 65% en su consumo diario. Y, sorprendentemente, también han aumentado el consumo de los religiosos, que han crecido un 80%.

el consumo de televisión y medios digitales se ha disparado durante el confinamiento

CONCLUSIÓN

Es innegable que las restricciones impuestas contra el coronavirus han cambiado drásticamente el estilo de vida de la mayoría de nosotros. Nadie dudaría que el estrés que producen la incertidumbre, las prohibiciones y el confinamiento nos hace más propensos a buscar alivio en mil maneras de distraernos. La mezcla de adversidad y estrés contribuye a la pérdida de motivación y del autocontrol; nos hace menos sensibles a las satisfacciones de lo cotidiano y propensos a intentar mejorar nuestra condición por medio de comportamientos adictivos.
Nunca antes la humanidad había enfrentado una pandemia con las características y la magnitud de la COVID-19. Es de esperarse que la salud mental de muchas personas se vea alterada ante el estrés prolongado que implica el aislamiento social y la incertidumbre de lo que va a ocurrir.

Francesc Grauet
Enfermero de Atención Primaria, Máster en Atención Prehospitalaria y Hospitalaria Urgente

* Artículo publicado originalmente en Extrahospitalaria Blog

BIBLIOGRAFÍA

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